DESDE MI VENTANA

Por: Raquel López-Torres U

La tempestad se había desarrollado y los apóstoles estaban muy asustados. (Mc. 4,35).  Ellos le dijeron a Jesús: “No te importa que nos hundamos?  Jesús encaró a la naturaleza y ordenó calma y tranquilidad. Él todo lo puede y todo lo que pedimos con fe, nos lo concede; no perdamos la fe en que la tempestad pasará, ni la esperanza de que nuestra querida patria verá días de justicia, de paz y de prosperidad.

Ya el Papa Francisco ha dicho que –no hay que perder la esperanza- , pero tenemos que seguir orando con fe y devoción, es decir, no pensando en los pajaritos, sino en una Venezuela libre de malandros de toda clase; con todo lo que a diario necesitamos, y no tenemos; Dios escucha siempre nuestro clamor, nuestra oración; pedimos al Espíritu Santo, “ilumine nuestro entendimiento y fortalezca nuestra voluntad” para tener un futuro para nuestros hijos y nietos.

Que la ESPERANZA  sea  una llama  fuerte,inextinguible, para que nuestra querida VENEZUELA  vuelva  a ser receptora de inmigrantes  como  lo fue en épocas pasadas,  para gloriay alegría de todos losque aquí progresamos, sufrimos y vivimos.

Dice el mismo Evangelio según S. Marcos: Jesús dijo s sus discípulos que irían a todos los pueblos a anunciar la Buena Nueva; y que Él curó a los leprosos, a los paralíticos, a todos los enfermos que le pedían con FE, y esa es la única condición que nos propone, fe sincera, fuerte y auténtica.  Todo nuestro empeño en ser mejores personas, amables con los que no nos gustan;  colaboradores con quien nos necesita; trasmisores del amor cristiano que nos debe caracterizar.  Si queremos que Dios nos perdone y nos salve, tenemos que aprender a perdonar y a no odiar a los que piensan diferente; sobre todo no perdamos la ESPERANZA en que Dios Todopoderoso nos dará mejores días y alegres amaneceres.

Leemos en el libro de la Sabiduría, (que todos deberíamos leer), allí leemos que no tenemos que asombrarnos por el éxito de los malucos,  o por el poder de los que han alcanzado la riqueza sin trabajar,  nada de ello bajará a sus tumbas; cuando mueran serán como todos, solo tierra, polvo, cenizas…

No anhelemos pues, los bienes perecederos, si no que pongamos todo nuestro empeño en asegurarnos la vida eterna, que alcanzaremos si creemos de verdad lo que Jesús ha prometido, y no perdamos jamás la esperanza en la vida futura. La vida después de la muerte.

No quiero terminar estas líneas sin recordar el salmo 117,  es un canto de alabanza y de esperanza, digamos con el salmista:

AL señor en mi angustia yo clamé

Y me respondió sacándome de apuros.

Si el Señor está conmigo, no temo,

Qué podrá hacerme el hombre?

Cuento al Señor entre los que me ayudan,

Y veré a los que me humillan a mis pies.

Más vale refugiarse en el Señor

Que confiar en los poderosos.

Danos oh Señor la salvación

Danos oh Señor la victoria!

San Juan Pablo II nos dice: “Ten fe,   si lo crees Èl obrará” y San Agustín: “La Fe es la certeza de lo que esperamos”

Si crees de corazón, tu ESPERANZA no se verá defraudada.

AMEN.

raquel
Raquel López-Torres U. Periodista

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