UN MATERIALISMO RADICAL

Por: Rafael María de Balbín

 

Desde fines del siglo XVIII la humanidad ha presenciado un acelerado cambio de sus condiciones de vida: ha habido importantes descubrimientos científicos y tecnológicos. Se ha abierto una nueva era a través de la investigación científica, la exploración del espacio, los sorprendentes avances de la cibernética. A la vez la ciencia del siglo XX fue aprendiendo a tener una conciencia más clara de sus limitaciones, cosa que no tenía la ciencia del siglo XIX, y en concreto Marx y Engels, cuando idearon el materialismo dialéctico, sistema de gran rigidez y dogmatismo, que trata de explicar en su conjunto el universo material. El análisis marxista de la realidad se auto-presenta como científico, necesario, ineludible. Las alienaciones, que rebajan al hombre, se producirían inexorablemente para ser también inexorablemente suprimidas por la revolución. El capitalismo se hundiría por sí mismo, para dar lugar a la dictadura del proletariado y la sociedad sin clases.

 Quien formuló en detalle el materialismo dialéctico fue Federico Engels. Toda la realidad sería una manifestación de la materia. No hay lugar para el espíritu. El hombre es, en su totalidad, un producto de la naturaleza: “El movimiento del pensamiento no es más que la reflexión del movimiento real, transferido y transpuesto al cerebro del hombre”. No hay más conocimientos y realidades que los materiales.

 Se trata, pues, de un materialismo absoluto, que lo abarca todo. La materia se bastaría a si misma: eterna y autodinámica. El hombre procedería completamente por evolución, a partir de las fuerzas de la materia. La materia es, además, dialéctica. Esto quiere decir que está formada por contradicciones internas, conflictos de aspectos contrarios, por ejemplo: electricidad positiva y negativa, acción y repulsión, macho y hembra, burguesía y proletariado. Un aspecto cualquiera de la realidad (tesis) vendría negado por su contrario (antítesis) y este sería superado a su vez por una nueva negación (síntesis). La contradicción sería condición necesaria del progreso. De vez en cuando ocurrirían saltos cualitativos: se pasaría de la vida vegetal a la animal, y de ésta a la humana. Y la dialéctica explicaría también todas las transformaciones de la sociedad. La dialéctica se llevaría a cabo mediante tres leyes: que la realidad esté compuesta de aspectos contradictorios (ley de los contrarios), que un ser en movimiento progrese necesariamente hacia su propia negación (ley de la negación), y que un desenvolvimiento cuantitativo y continuo en una realidad termina con frecuencia por producir una forma enteramente nueva (ley de la transformación). Esta dialéctica es la aplicación a la materia de lo que Hegel afirmaba acerca del Espíritu Absoluto.

Pero lo que tenía cierto sentido aplicado a la lógica en Hegel, no lo tiene ya aplicado a la materia. En el pensamiento puede haber contradicciones entre el absoluto ser, y el absoluto no-ser. En la realidad no, ya que en ella sólo se da el ser, y el no ser no es nada. La materia no es ni puede ser dialéctica: en ella no hay aspectos contradictorios, sino solamente contrarios. Atribuir a la materia cualidades espirituales, e incluso divinas es forjar un mito, que fue cuidadosamente definido por el pensamiento de Lenin y Stalin, el partido comunista soviético, chino o cubano.

 Es bien conocido el ejemplo que pone Engels: un grano de cebada solamente produce la nueva planta si es sembrado y se pudre. Hay, pues, una semilla (tesis), su destrucción (antítesis) y la planta nueva (síntesis).

Esta teoría dialéctica no explica, en realidad, nada, acerca del cambio. La mera destrucción no produce el progreso. Y, si no, hagamos la prueba: quememos la semilla de cebada o sumerjámosla en ácido sulfúrico. No aparecerá entonces una nueva planta de cebada. Lo que permite el cambio y la transformación no es la mera destrucción o negación, sino más bien los elementos virtuales o potenciales que están contenidos, por ejemplo, en la semilla. La dialéctica no ofrece una real explicación del cambio: vendría a decir que las cosas cambian “simplemente porque cambian”.

Filosóficamente hablando, el materialismo dialéctico constituye una amalgama precaria entre el idealismo dialéctico de Hegel y el materialismo positivista decimonónico.

 

 

balbin
Rafael María de Balbín (rafaelbalbin@yahoo.es). Sacerdote; Doctor en Filosofía; Doctor en Derecho.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

Genoveva Flores

Asesora Empresarial

Crónicas del Tánatos

Crímenes y sucesos del siglo XX.

kerigma901.wordpress.com/

Edición N° 52 - 2018

WordPress.com en Español

Blog de Noticias de la Comunidad WordPress.com

A %d blogueros les gusta esto: