Editorial Edición N° 52

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LA ESPERANZA Y LA ALEGRIA

La esperanza y la alegría dependen de nosotros mismo, si asumimos que Dios nos dio la capacidad de ser felices, y hacer felices a otros.
Las circunstancias que vivimos actualmente nos han llevado a tener crisis sobre la crisis. Nada es tan importante como para hacernos perder la tranquilidad, la serenidad. Convirtamos la crisis en una oportunidad de vida.
Estamos sufriendo temporalmente situaciones inexploradas, y que jamás nos imaginamos nos sucederían. Por más difícil que se nos presente una situación, nunca debemos dejar de buscar la salida y de luchar  hasta el último momento con calma y seguridad.
En momentos de crisis, sólo la imaginación y la creatividad son más significativas que el conocimiento. Mantener   el entusiasmo, fortalecer la estima personal, recuperar la confianza en sí mismos, fomenta el buen humor, Si nos preguntan, ¿Cómo estás?, respondemos sonriendo: Bien, pues podría estar peor.
¡Cambiemos!: La alegría, el amor, el optimismo, la tranquilidad y la confianza, forman parte de mantener una actitud positiva, y recordemos que todo lo que sucede, aunque es difícil de reconocer, puede ser mejorado.
No nos  dejemos  afectar por las situaciones que nos afligen y aceptemos  lo que no podemos  cambiar, pues los escenarios inesperados e inevitables son parte del crecimiento.
El ánimo es indispensable, busquemos la compañía de familiares y amigos que sean  alegres que nos den vigor para continuar adelante.  Liberemos las tensiones, para vivir momentos sin preocupaciones por lo que vendrá después.
¡Solos es más difícil! Apoyémonos en Dios, el contacto con la presencia de lo sagrado, fortalece la espiritualidad y nuestro encuentro personal con Él.
¡Nunca abandonemos! El secreto consiste en levantarse una y otra vez, sin desistir por lo que queremos alcanzar.
Afanarse en practicar las virtudes teologales la fe, la esperanza y el amor, nos llenará de ilusión hacia el futuro y nos levantará el espíritu para contagiar y apoyar a otros.
Luchemos por nuestra querida Venezuela, contagiémonos de alegría y amor para preferir un país lleno de oportunidades, donde todos podamos reconstruir los valores espirituales, familiares, sociales.

¡Miremos hacia el futuro con la confianza de que Dios nos acompaña siempre!

Nelly Franchi de Madrid

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